Hemorroides y varices, ¿qué relación tienen?

¿SABÍAS QUÉ?
Por Equipo Farmalastic
El sistema venoso es esencial para que el cuerpo se mantenga en equilibrio y nos encontremos bien: retorna la sangre desoxigenada al corazón, elimina desechos del organismo y regula la temperatura corporal, entre otras funciones.

Sin embargo, cuando no funciona bien las venas de distintas partes del cuerpo pueden dilatarse o inflamarse provocando dolor, enrojecimiento e hinchazón. Es lo que ocurre cuando tenemos varices y hemorroides, dos enfermedades inflamatorias de las venas de las piernas y del ano, respectivamente, y que pueden dificultarnos nuestro día a día según el estadio en que se encuentren. En este artículo te contaremos en qué consisten estas dolencias circulatorias, cuáles son sus similitudes y diferencias, y qué podemos hacer para aliviar las molestias que causan.

Hemorroides I

¿Qué son las hemorroides? 

Conocidas habitualmente como almorranas, las hemorroides son una red de vasos arteriales y venosos situadas en el ano. Cuando estos vasos venosos se inflaman y se irritan hablamos entonces de enfermedad hemorroidal, una patología que en España afecta a alrededor del 13 % de la población, aunque esta cifra aumenta con la edad y si se sufren factores de riesgo como embarazo y postparto, estreñimiento, sedentarismo y obesidad.

La causa de la enfermedad hemorroidal es la degeneración de las almohadillas o cojines anales, que son unas estructuras que componen el canal anal (última parte del tubo digestivo, al final del recto) y que, principalmente, se encargan de permitir/evitar la salida involuntaria de gases o heces. Si estas almohadillas se deterioran, se produce una acumulación venosa y un retorno deficiente de la sangre, y, en consecuencia, la presión se incrementa en las paredes de las venas (lo que en terminología médica se llama hipertensión venosa).
Hemorroides

Síntomas y tipos de hemorroides

Los síntomas más habituales de las hemorroides son el dolor, el picor, la molestia anal y el sangrado (rectorragia). En ciertos casos, también puede producirse un prolapso (caída) de las hemorroides (que puede ser más o menos grave según el grado que presenten) y complicaciones como la trombosis.

Aunque normalmente se utiliza el término <<almorranas>> de forma genérica, en realidad estas se subdividen en dos tipos: las hemorroides internas y las externas, tal como a continuación analizaremos.

Hemorroides internas 

Se localizan por encima del límite entre el recto y el ano (llamada línea dentada o pectínea en terminología médica) y están recubiertas de mucosa. A su vez, este tipo de hemorroides se subclasifica según el grado de prolapso (salida) a través del canal anal, como seguidamente analizaremos:

  • Grado I: las hemorroides no se exteriorizan y solo se pueden observar mediante una anoscopia (prueba médica que permite visualizar los últimos diez centímetros del tubo digestivo). Pueden sangrar sin causar dolor
  • Grado II: las hemorroides salen al ir al baño y se reintroducen espontáneamente
  • Grado III: las hemorroides salen al expulsar las heces y/o de manera espontánea, y deben reintroducirse de forma manual
  • Grado IV: las hemorroides están permanente fuera (sin ir al baño), pudiendo causar mucho dolor, y difícilmente pueden reintroducirse.
Hemorroides internas

Hemorroides externas

Están situadas por debajo de la línea dentada y recubiertas de piel y pueden causar los siguientes síntomas:

  • Dolor (especialmente si se forma un coágulo llamado trombosis hemorroidal)
  • Picazón, ardor, molestias o hinchazón al defecar o al sentarse
  • Protuberancias palpables y/o visibles alrededor del ano.

Hemorroides mixtas

Se dan cuando coexisten ambos tipos, las hemorroides internas y las externas.

¿Qué son las varices?

Las varices son una dilatación de las venas y la manifestación más característica de la Insuficencia Venosa Crónica (IVC), una enfermedad vascular en la que las válvulas del interior de las venas están debilitadas y no cierran correctamente. Entre otras, la función de las venas es retornar la sangre al corazón para que, más tarde, sea enviada a los pulmones, se oxigene de nuevo y pueda volver al torrente sanguíneo. En la IVC, las válvulas de las venas no cierran bien y, por ende, no pueden permitir que la sangre retorne al corazón, causando una serie de síntomas, como dolor, hinchazón, pesadez, enrojecimiento, varices, etc. Las venas varicosas pueden aparecer en cualquier parte del cuerpo (esófago, genitales, región pélvica, etc.), si bien las más frecuentes suelen aparecer en las piernas, en los tobillos y en los pies.

En España esta dolencia vascular afecta al 30 % de la población (especialmente a mujeres a partir de los 35 y 40 años debido a la predisposición hormonal), si bien a partir de los 50 años la mitad de la ciudadanía la padece.

Si nos fijamos en las causas que provocan las varices, debemos apuntar a la IVC. Además, ciertos factores, como el calor y las altas temperaturas, el sedentarismo y la falta de ejercicio, entre otros, pueden empeorar la dilatación venosa y los síntomas asociados.

Venas

Tratamiento para las varices

El tratamiento no quirúrgico más eficaz para tratar la IVC, aliviar sus síntomas y frenar el avance de la patología son las medias de compresión terapéuticas. Estos productos ejercen una función terapéutica en las piernas, ya que sustituyen a las válvulas deterioradas de las venas (consiguiendo corregir los problemas que provocan una mala circulación), y actúan como una ayuda a la bomba muscular de la pantorrilla para impulsar el retorno de la sangre al corazón.

¿Y cómo lo consiguen? Las medias de compresión para varices ejercen una presión decreciente en la pierna, de manera que en el tobillo la compresión es mayor (100 %) y decrece a medida que subimos hasta la zona inguinal. Esta diferencia de compresión facilita que la sangre ascienda de nuevo al corazón, a pesar de que las válvulas de las venas no funcionen correctamente.  

Como las varices no entienden de géneros y también afectan a los hombres, actualmente en el mercado no solo hay medias y pantys de compresión para las mujeres que padecen IVC, sino que también encontramos calcetines de compresión cómodos y discretos para que los hombres con esta patología puedan usarlos a diario.

Relación entre hemorroides y varices

A pesar de que se trata de enfermedades distintas, ambas patologías tienen algunas similitudes, como seguidamente examinaremos:

  • Ambas son dolencias inflamatorias, crónicas y progresivas, que pueden producir situaciones incapacitantes (especialmente en los casos más avanzados) y comportar un deterioro importante en la calidad de vida de las personas que las sufren
  • Son afecciones con una alta prevalencia en la población, aunque muy a menudo no son diagnosticadas ni tratadas correctamente (en Europa Occidental, por ejemplo, solo se les dedica el 2 % del presupuesto sanitario anual)
  • Al ser patologías venosas crónicas, ni la enfermedad hemorroidal ni las varices pueden “curarse”, pero sí que se puede frenar su avance adoptando medidas preventivas y un tratamiento adecuado nada más aparezcan los primeros síntomas.

Cuándo debemos preocuparnos

Tanto las hemorroides como las varices tienen una alta prevalencia en la población y son muy comunes, especialmente a partir de cierta edad o tras los embarazos y los cambios hormonales, en el género femenino. Sin embargo, a pesar de que en la mayoría de casos se trate de dolencias benignas, si los síntomas empeoran deberemos consultar con un especialista lo antes posible para que nos examine y valore cuál es el tratamiento más adecuado. Estos son los signos de alarma que requieren atención médica:

  1. Empeoramiento de los síntomas: hemorroides cada vez más dolorosas, que sangran en abundancia, se acompañan de coágulos, sobresalen y caen al exterior (hemorroides prolapsadas) o no mejoran con el tratamiento. En el caso de las varices, la intensificación del dolor, la hinchazón y/o la ulceración de la piel también necesitará ser examinado por un profesional sanitario
  2. Aparición de nuevos síntomas: fatiga, pérdida de peso sin causa aparente u otros síntomas que no parecen tener relación con las patologías
  3. Cambios en el color o en la textura: en el caso de la IVC, varices que cambian de color (pasando de verde a azul-violáceo) y/o aumentan de tamaño (volviéndose abultadas y retorcidas; son las llamadas varices tronculares). 

Cómo prevenir las hemorroides y las varices

La prevención es básica para evitar el desarrollo de estas dolencias. Seguidamente, te explicaremos algunas sencillas acciones para prevenirlas, y, posteriormente, nos centraremos en medidas preventivas más específicas para cada una de ellas:

Medidas comunes

  • Mantener una dieta rica y equilibrada: en el caso de las hemorroides, se recomienda tomar fibra (de 20 a 30 gramos al día), evitar el picante y los alimentos muy condimentados, así como el alcohol y el café para acelerar el tránsito intestinal y evitar episodios de restreñimiento. Para prevenir el desarrollo de varices también se aconsejan alimentos que disminuyen la inflamación, como los ricos en omega 3, el pescado azul (especialmente el atún, el salmón, la caballa, los arenques y los mariscos), la leche, el aguacate y las nueces, y para mejorar la circulación venosa es recomendable reducir el consumo de sal, de embutidos y de grasas saturadas e incorporar aceites vegetales, remolacha, limones, naranjas, tomates y jengibre a la dieta;
  • Hidratarnos correctamente: se aconseja tomar de 6 a 8 vasos de agua al día;
  • Evitar el sedentarismo: tras una hora de inactividad, se recomienda andar un poco para movilizar las piernas y estimular el tránsito intestinal. En caso de tener varices, también hay que evitar estar largos periodos de pie y sentados;
  • Llevar una vida activa y hacer ejercicio de forma regular: la práctica de actividad física favorecerá tanto el tránsito intestinal como una buena circulación sanguínea. Sin embargo, en caso de tener hemorroides deberemos evitar los deportes como montar en bicicleta o la equitación, ya que aumentan la presión sobre las venas del ano y del recto. Para prevenir las varices podemos realizar ejercicios específicos;
  • Favorecer la circulación sanguínea:además de practicar actividad física regularmente, para combatir los problemas circulatorios y de hipertensión venosa se recomienda aplicar agua fría en las pantorrillas en la ducha y realizar masajes con geles fríos en las piernas de forma ascendente al final del día.

Prevención de hemorroides

  • No retener las ganas de ir al baño: si lo hacemos, podemos endurecer las heces, hecho que dificultará la evacuación y esta será más dolorosa;
  • Evitar el esfuerzo excesivo: es recomendable no empujar con fuerza al defecar, puesto que aumenta la presión en las venas anales;
  • Limitar el tiempo en el baño: hay que evitar los largos periodos sentados en el inodoro.

Prevención de varices

  • Uso de medias y calcetines de compresión terapéutica: estos productos no solo son un aliado fundamental para tratar la IVC, sino también para prevenir su aparición, especialmente si tenemos factores de riesgo (factores hormonales y embarazo, antecedentes familiares, trombosis venosas (TVP), etc.);
  • Elevar las piernas en caso de sentir pesadez  y/u otros síntomas;
  • Evitar el sobrepeso: estar por encima de nuestro peso es un factor que agrava la IVC y que acelera los trastornos relacionados, puesto que los tejidos grasos aumentan la presión en las piernas, comprimen las venas y ralentizan el retorno venoso;
  • Cuidar la piel, hidratándola correctamente y estando atentos si observamos zonas oscurecidas en la parte inferior de las piernas;
  • Evitar fuentes de calor en las piernas (como saunas, demasiada exposición solar, depilación con cera caliente, etc.).

Para concluir, en este artículo hemos visto que tanto las varices como las hemorroides son enfermedades dolencias inflamatorias, crónicas y progresivas que tienen que ver con la hipertensión venosa. También hemos analizado en detalle sus causas, síntomas, similitudes y diferencias y te hemos dado consejos para intentar prevenir su aparición. Si bien es cierto que, una vez que se manifiestan, no pueden curarse sino tratar los síntomas, si ponemos en práctica ciertas medidas podremos retrasar el avance de las patologías, evitar problemas mayores y tener una buena calidad de vida. Así que, ¡manos a la obra y a plantarle cara a la hipertensión venosa!

Fuentes:

Escudero Rivera I, González Serrano I. Recuperado de Guía de actuación farmaceútica en enfermedad venosa crónica y hemorroides. Madrid SEFAC; 2024

Información y estudios internos de Farmalastic

Imágenes:

Medline Plus. Biblioteca Nacional de Medicina de los EE. UU. Venas varicosas. Recuperado de https://medlineplus.gov/spanish/ency/article/001109.htm

*Esta información en ningún momento sustituye la consulta o diagnóstico de un profesional médico o farmacéutico.

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