La lumbalgia, especialmente en las fases agudas, puede ser muy dolorosa, incapacitante y tener un importante impacto en la vida diaria. Lo saben bien los más de 620 millones de personas (alrededor del 8 % de la población mundial) y los seis millones de españoles (un 14,8 % de la población adulta) que la sufren. Para aliviar los síntomas que provoca y mejorar la calidad de vida podemos recurrir al calor, aunque en determinadas situaciones también puede estar indicado aplicar frío. En este artículo te explicaremos en qué casos conviene utilizar frío o calor para el dolor lumbar y qué otras medidas pueden ayudarte a aliviar las molestias y favorecer la recuperación.
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El calor y el frío como herramientas terapéuticas
Tanto la crioterapia como la termoterapia (la aplicación de frío y calor, respectivamente) se utilizan con fines terapéuticos desde hace miles de años. Civilizaciones como la egipcia, la griega o la romana ya recurrían a estas técnicas para aliviar el dolor muscular y articular, reducir la inflamación, favorecer la relajación corporal o controlar las hemorragias, entre otros usos.
Hoy en día, el frío y el calor siguen siendo dos herramientas muy empleadas para tratar determinadas lesiones y dolencias musculoesqueléticas, con la diferencia de que ahora conocemos mucho mejor los mecanismos fisiológicos mediante los que actúan y las situaciones en las que están realmente indicados.
¿Frío o calor para el lumbago? Depende del tipo de dolor
Aunque solemos pensar que la lumbalgia debe tratarse con calor, no siempre es la mejor opción. Tanto en algunos casos de lumbalgia como de lumbociática ─es decir, dolor lumbar acompañado de dolor ciático─, el frío puede resultar útil durante la fase aguda. ¿Y qué es mejor, frío o calor para la ciática? Recordemos que la ciática es el conjunto de síntomas debidos a la compresión o irritación del nervio ciático, como dolor irradiado hacia la pierna, hormigueo, entumecimiento o debilidad. La respuesta depende del origen del dolor y de la fase en que se encuentre la dolencia. A continuación, te explicamos cuándo conviene aplicar frío y cuándo es preferible recurrir al calor para que la terapia sea efectiva.
Cuándo aplicar frío
En caso de sufrir lumbago tras un golpe, una caída o un esfuerzo excesivo que haya provocado una lesión, la crioterapia es una buena opción: aplicar frío durante las primeras 24-48 horas (la denominada fase aguda) ayuda a aliviar el dolor y a reducir la inflamación.
En este punto cabe hacer una aclaración importante, ya que no hay que confundir inflamación con hinchazón visible: en el caso de la lumbalgia, la inflamación suele afectar a tejidos profundos de la espalda, como los músculos, los ligamentos, los discos intervertebrales o las articulaciones y puede causar dolor sin provocar un aumento apreciable del volumen en la zona lumbar.
Además de la lumbalgia, la crioterapia también está indicada para tratar otras causas de dolor lumbar, como la ciática o la lumbociática. En estos casos, aplicar frío sobre la zona dolorida en la fase aguda puede ayudar a aliviar las molestias y a reducir la inflamación. Pasado este periodo, se recomienda aplicar calor para favorecer la relajación muscular y reducir la rigidez. Asimismo, usar una faja lumbar proporcionará mayor estabilidad a la zona y contribuirá a aliviar los síntomas al realizar actividades cotidianas.
Cuándo aplicar calor
En cambio, cuando el dolor no se debe a un traumatismo o la fase aguda ya ha pasado, el calor para la lumbalgia suele ser el tratamiento más recomendable, ya que favorece la relajación de la musculatura, mejora la circulación sanguínea y alivia la rigidez y las molestias. Hoy en día existen varias opciones de terapia térmica, desde packs de calor que se calientan en el microondas, fajas térmicas lumbares, parches térmicos u otros remedios caseros, como posteriormente analizaremos.

Cómo aplicar la terapia de calor en la espalda
Para evitar quemaduras en la piel, antes de aplicar la termoterapia deberemos tener en cuenta algunas precauciones, ya que nunca hay que manipular los packs de calor directamente con las manos ni aplicarlos sobre la zona afectada sin envolverlos con un pañuelo o una funda antiquemaduras. Asimismo, deberemos seguir con atención las instrucciones de calentamiento indicadas por el fabricante.
Los packs se calientan en el microondas (a máxima potencia –850 W– a intervalos de 40 segundos hasta alcanzar la temperatura deseada); una vez calentados, se recomienda darles la vuelta y amasarlos bien para que la temperatura se distribuya uniformemente. ¿Y cuánto tiempo hay que poner calor en la espalda? Como norma general, se aconseja aplicar la terapia térmica superficial durante 20 minutos cada 2 horas. No obstante, si notamos demasiado calor, incomodidad o cualquier molestia, deberemos retirar el pack y volver a utilizarlo cuando la piel no esté tan caliente.
Fajas térmicas lumbares: soporte y calor al mismo tiempo
Otra manera de poner calor en la parte baja de la espalda es usando una faja térmica lumbar, un producto diseñado para aportar calor y ayudar a aliviar las molestias lumbares, prevenir lesiones y acortar el tiempo de pre-calentamiento al practicar deporte.
A diferencia de los packs de calor anteriores, las fajas lumbares de neopreno no se calientan en el microondas, sino que su tejido de neopreno de alta densidad retiene y aumenta la temperatura de la parte baja de la espalda entre 2 y 3 °C, proporcionando calor de forma continuada.
Para las mujeres embarazadas con dolor lumbar, abdominal o lumbociática también existen productos específicos para aliviar estas molestias, como los cinturones pélvicos. Estas soluciones de terapia elástica elevan y sostienen el abdomen sin oprimirlo, estabilizan la región lumbopélvica y pueden contribuir a aliviar las molestias, especialmente cuando se combinan con ejercicios específicos para gestantes.
Parches de calor: alivio localizado y prolongado
Una tercera manera de aplicar calor para la lumbalgia es mediante parches de calor, una práctica solución diseñada para tratar el dolor muscular y articular muy fácil de usar.
Los parches térmicos lumbares liberan calor de forma continuada durante ocho horas, proporcionando un efecto térmico constante en la zona dolorida. Elaborados con un innovador tejido nonwoven que une las fibras mediante el calor, se colocan alrededor del abdomen y la espalda con un cinturón elástico de velcro que se adapta perfectamente a la anatomía de cada persona. Además, gracias a su suavidad y transpirabilidad, también pueden utilizarse durante los meses de verano.
Otras opciones: bolsa de agua caliente, almohadilla eléctrica y ejercicios específicos
Además de los distintos productos de termoterapia que acabamos de describir, los remedios clásicos como las almohadillas eléctricas o las bolsas de agua caliente son otra interesante alternativa para aliviar el dolor lumbar, reducir la rigidez muscular y favorecer la relajación. Ambas proporcionan calor localizado en la zona afectada, aunque lo hacen de forma diferente: las almohadillas eléctricas generan calor mediante una resistencia eléctrica, mientras que las bolsas de agua lo transmiten gracias al agua caliente que contienen.
Superada la fase aguda también podremos realizar ejercicios específicos de movilidad, estiramiento y fortalecimiento de la espalda para aliviar el dolor lumbar. Estos ejercicios pueden ayudar a recuperar la movilidad, mejorar la estabilidad de la columna y reducir el riesgo de nuevos episodios de lumbalgia. Al realizarlos podemos notar una ligera sensación de tensión, pero nunca deberían provocar un dolor intenso. De ser así, lo mejor será mejor interrumpirlos o tomarnos una pausa.
Para terminar, en este artículo te hemos explicado qué son la crioterapia y la termoterapia, en qué se diferencian y en qué situaciones puede ser más recomendable aplicar frío o calor para aliviar dolores en la parte baja de la espalda, como la lumbalgia, la lumbociática o la ciática. Aunque, ciertamente, estas molestias pueden llegar a ser muy dolorosas e incluso limitar las actividades del día a día, si aplicamos la terapia adecuada, utilizamos fajas lumbares u otras soluciones y realizamos ejercicios específicos mejoraremos la movilidad, aliviaremos los síntomas y favoreceremos la recuperación.
*Esta información en ningún momento sustituye la consulta o diagnóstico de un profesional médico o farmacéutico.
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